Guerra autonómica en la reforma de la norma de calidad del cerdo ibérico

12/09/12

Guijuelo reclama a Cañete que se le oiga mientras Extremadura y Andalucía confían en que el ministro mantenga su propuesta inicial sobre la ley

Miguel Arias Cañete, ministro de Agricultura, visitó Salamanca el viernes pasado. Fue a inaugurar Agromaq 2012, una de las citas destacadas del sector agroganadero español. Se puede decir que estaba en territorio enemigo. Guijuelo y su sector porcino están de uñas con él. ¿El motivo? La intención del ministerio acerca de lo que debe ser la nueva norma de calidad del cerdo ibérico, que contempla una mayor pureza racial y aboga por apartar de ahí al cerdo intensivo, algo que les perjudica notablemente. Allí, en la capital charra, Cañete comprobó las quejas de ganaderos e industriales de la zona y también escuchó cómo el presidente de la Diputación y la consejera de Agricultura de Castilla y León le pidieron «que se les oyera desde la lealtad y el sentido común». Otras regiones como la extremeña y la andaluza reclaman idéntica atención pero en sentido contrario por su posicionamiento a favor de la defensa del ibérico tradicional y en contra del fraude que ha originado la actual normativa. «La norma será clara, transparente y fácil de cumplir», fue lo poco que dijo el Ministerio de Agricultura a los dirigentes políticos castellano-leoneses en Salamanca.

La realidad es que, a punto de acabar el verano, la guerra del cerdo se recrudece. Entre regiones y profesionales. Y todo cuando la crisis asfixia como nunca en el último lustro. Aunque toda generalidad conlleve alguna inexactitud, lo cierto es que Extremadura y Andalucía, sus gobiernos regionales y parte de su sector, aunque con la oposición de UPA y Apag, aplauden la intención de Cañete y esperan que no la modifiquen sustancialmente. En el bando contrario están Castilla- La Mancha, Cataluña, Aragón, Comunidad Valenciana y Murcia, ‘los reinos’ del cerdo blanco. También Castilla y León, y su potente industria de Guijuelo, muy centrada en los sacrificios y curado de cebo y recebo para cadenas de distribución.

Propuestas

El combate también se produce dentro de los profesionales del sector. Productores, ganaderos, cooperativas e industriales están divididos. Iberaice, organización empresarial que agrupa al 90% de las industrias del ibérico, ha mostrado su profunda decepción por los cambios planteados ya que, dice, conllevaría la desaparición del cerdo ibérico de cebo «que supone el 80% del sector y una gran actividad productiva e industrial».

La interprofesional Asici, que agrupa a la rama productora (ganaderos) y transformadora (industriales), está en plena guerra interna por los propios intereses de cada miembro y no ha consensuado posición. Iberaice está ahí, pero también la Asociación de Productores de Cerdo Ibérico de Extremadura y Aeceriber. «Creo que Cañete no va a dar marcha atrás de forma significativa. Al menos ese es el deseo mayoritario aquí y en Andalucía», comenta Javier Solano, de la Asociación de Productores de Cerdo Ibérico, un colectivo que sin matices defiende lo que quiere hacer Madrid. Sacar al fin el cerdo intensivo de la norma del ibérico es lo principal, resume Solano. Ese aspecto es considerado vital y no tanto el de incrementar la pureza racial para ser considerado ibérico, que Solano intuye se cambiará durante la negociación bajando la exigencia de los porcentajes.

Como ha venido informando HOY, la pretensión inicial en la nueva norma de calidad es que para que se reconozca a un cerdo como ibérico deben ser sus padres ibéricos al 100% o que del cruce resulte un 75% (madre ibérica, macho cruzado/ibérico). Los del 50% de sangre ibérica (madre ibérica solamente) quedarían fuera de la norma.

El Ministerio, como mucho, estaría dispuesto a distinguir entre ibérico o cruzado de ibérico con duroc, pero no permitiría seguir con la situación actual, la más frecuente en Extremadura. Otro de los cambios que planea Cañete, en este caso respecto al cerdo de cebo, es que para ser catalogados como ibéricos deben tener un 75% de pureza racial y cuenten con una superficie durante la fase de engorde, los últimos 60 días, de 15 cerdos por hectárea. Esto es, que los guarros, en su fase final, deben ver el campo.

«Lo que se conoce del Ministerio va en la línea que defendemos, que es la raza porcina ibérica y su entorno», subraya Lucía Maesso, presidenta de Asociación Española de Criadores de Ganado Porcino Selecto Ibérico Puro y Tronco Ibérico (Aeceriber). Maesso recalca que la presión de Guijuelo y los que defienden el guarro blanco es «muy fuerte» pero confía en que el Gobierno central siga lo que demanda Extremadura y Andalucía, aunque UPA-UCE rechaza esa mayor pureza. «Se quedaría el porcino para cuatro señoritos con grandes parcelas», ha dicho su dirigente Antonio Prieto. Mientras, APAG Asaja habla de ruina por fijar esos porcentajes y añade que aumentarían «sobremanera» los costes de producción. «Algunos están desnortados. Están muertos y no quieren que haya cambios», replica Solano.

«¿Guerra? Claro que la hay porque los intereses son contrapuestos. Algunos no saben que hacer con todo ese intensivo desmesurado que se ha producido. Lo que tienen que hacer es buscar un nuevo nicho de mercado porque ni eran ibéricos, ni cumplían con el peso ni la edad», concluye Maesso.

El borrador completo de la norma de calidad del ibérico se debería conocer a final de mes o mediados de octubre, a más tardar, y la nueva reglamentación debería estar aprobada a finales de año. En el caso de aprobarse los cambios se contemplaría un periodo de adaptación de dos o tres años.

Noticia extraída de: http://www.hoyagro.es

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